En 1895 arranca un hito en la historia moderna, un descubrimiento desconocido para muchos pero que pronto se convertiría en la gran revolución de los hermanos Lumière. Sí, esto quizá todo el mundo lo sepa ya y no importe en demasía. Pero no hay que olvidar sus orígenes puesto que al ritmo que va la sociedad en unos años será un triste recuerdo de aquellos que tuvieron la fortuna de gozar de la “gran pantalla”.
Mis palabras parecen descabelladas, no obstante, estamos ante una recesión económica que borra sin contemplaciones las huellas de un pasado que hasta hace tan sólo unos años era idílico. ¿Volverán esos días de colas interminables? ¿Esos fin de semana donde ir al cine era un plan asentado en la agenda de todo el mundo?
Echemos una mirada a nuestros días, a nuestras agendas ¿cuándo solemos ir? En una cita especial o en un día señalado, esto es así y quien se atreva a negarlo es por dos razones, o bien miente o económicamente tiene la fortuna de poder permitírselo. El cine se ha convertido en un privilegio del que muy pocos pueden gozar. ¿Es injusto? Sí. Perdónenme si soy bruta, pero luego reclaman por descargarnos películas de Internet. Si los cines no costasen casi 10 € como en el caso de Kinepolis, pues seguramente estarían repletos y nadie tendría que acudir a los sitios webs o esperarse meses para pasar por el video club y escoger la película que se deseaba ver, pero que la economía negó.
Los videoclubs, otro punto a parte. Durante algún tiempo tuvieron un gran auge, aún me veo a mí con 11 años junto a todos mis amigos un miércoles por la tarde escogiendo la mejor película para ver en la casa de uno de nosotros, una tradición que con la llegada de las nuevas tecnologías se fue perdiendo. No obstante, gracias a la situación actual lo imposible vuelve a ser posible. Los videoclubs han dejado de tener fecha de caducidad y han vuelto a ser protagonistas en los hogares, personalmente doy las gracias por ello, puesto que soy una firme partidaria de ellos. Aunque reconoceré que esperar hasta que la película esté disponible para alquilar me crispa los nervios, pero ese es un tema aparte.
Volviendo al tema que nos ocupa, el cine. Diré que me enerva que hoy en día se esté convirtiendo en un auténtico privilegio para unos pocos. Es muy triste que una persona esté trabajando durante toda la semana en horarios interminables y el fin de semana no se pueda permitir un pequeño capricho. Porque en mi caso no tengo problema dado que aún no tengo familia, pero piensen en todos esos niños que en unos años no sabrán ni qué es el cine porque sus padres no se pueden permitir gastarse 40 euros en tan sólo una noche (sin contar bebida, palomitas, papas..) No sale rentable, por ello, se descarta, se suprime. ¿Consecuencia? El cine desaparecerá.
La solución no es difícil y la prueba la hemos tenido en esta semana. 1.500.000 espectadores han asistido este lunes, martes y miércoles al cine, ¿acaso de repente las personas han cobrado un plus para poder permitirse este despilfarro? No, es simple y llanamente la Fiesta del Cine. Una iniciativa creada por los cines españoles con el objeto de volver a recuperar a su público y la clave de su éxito, los precios. Porque al final todo se remite a lo mismo, el dinero, el maldito dinero que nos impide hacer aquello que ansiamos. En esta iniciativa todo aquel que se registrase en la web de la Fiesta del Cine recibía una acreditación con la podía ir a ver la película que quisiese. ¿Era gratis? No, costaba un total de 2.90 €, de modo que a pesar de no ser una entrada regalada la gente acudió. Colas interminables que daban la vuelta a las calles, ese es el escenario que se observó. ¿Tuvieron pérdidas los cines? La respuesta es negativa dado que esos 2.90 sumado a una gran cantidad de espectadores y a los refrigerios y comidas que se adquirieron hicieron de la Fiesta del Cine, un éxito.
¿Entonces por qué nos implantan esas cantidades tan elevadas? ¿Por qué protestan por las pérdidas de asistentes? No podría costar la entrada 3 € si se ha comprobado que no habrán daños en las ventas. Quizá les guste quejarse, o quizá vivamos en un país que no se preocupa por el prójimo, mientras uno viva bien, el resto ya se apañará. Sea lo que sea, si no le ponemos freno convertirá al cine en unas tristes palabras inmortalizadas en una enciclopedia, en un triste recuerdo de unos cuantos…
Fuente foto: fiestadelcine.com
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